Dando una vuelta por Marte.

Marte, como saben, se encuentra de moda desde siempre, siempre ha sido observado, primero a simple vista y después con rústicos telescopios y desde hace años con aproximación de telescopios instalados en naves espaciales y han seguido con naves posadas sobre su superficie. Hoy, cuando desperté, aparecieron en mi mente, tengo muchas manías, los huéspedes tecnológicos que han llegado, hace unos días,  a su superficie, una nave espacial y un helicóptero para vuelos domésticos. Así que, esta mañana, antes de salir de la cama, me he dicho, sí, hablo conmigo cuando estoy solo, hoy voy a contar cosas de Marte.

Como he contado en algún relato anterior, la observación del cielo nocturno, con millones de puntos luminosos, es tan espectacular y grandioso que uno, yo sí, se  siente insignificante y enano. Y lo mismo ha ocurrido a los habitantes de la Tierra desde el principio de los tiempos. El cielo, y  tantos puntos brillantes, era un misterio. Entre los millones de puntos brillantes hay uno que destaca sobre los demás, es Marte. Desde hace miles de años, todas las civilizaciones que han existido en la Tierra dirigieron su  mirada el cielo y la visión de Marte siempre ha espoleado su imaginación y el deseo de su conocimiento.

Los primeros pasos de la astronomía, como ciencia, se fundamentaron en la observación sistemática de los movimientos de los astros en general y en la de los planetas en particular. El término ‘planeta’ significa ‘errante’ y se trata de puntos brillantes en el cielo que no seguían el movimiento de resto de estrellas sino que se movían de forma diferente o extraña.

Cuando todavía no había astrónomos para mirar el cielo y el movimiento de las estrellas, había mirones maravillándose, por maravillarse, sin entender lo que veían. Cuando, por fin, aparecieron los astrónomos y durante siglos, estuvieron observando cada vez más minuciosamente la posición de los planetas con el objeto de encontrar un modelo del universo que fuera capaz de explicar el movimiento de los planetas.

Todas las civilizaciones desarrollaron modelos basados en la observación directa del cielo y en todos ellos Marte ocupaba un lugar destacado. Los primeros modelos de los que ha quedado constancia se componían de un sistema de esferas concéntricas con la Tierra situada en el centro del Universo. Estos modelos geocéntricos no se ajustaban a las observaciones ni eran capaces de explicar el movimiento de algunos planetas que, como Marte, describían en ciertos periodos del año.

Esta situación que, seguro, les parecerá una tontería, para los astrónomos se convirtió en un quebradero de cabeza y trataron de encajar los movimientos de los planetas utilizando esferas y círculos al considerar que eran los únicos adecuados para describir el movimiento de los astros. Los modelos geocéntricos sufrieron sucesivas modificaciones hasta que en el siglo II d. C. se propuso un modelo que utilizaba un complicado sistema de círculos dentro de otros círculos denominados epiciclos y este modelo, con ligeras modificaciones, se mantuvo vigente durante 15 siglos a pesar de no encajar  totalmente con las observaciones.

Las observaciones minuciosas del planeta Marte fueron decisivas y condujeron, a lo largo del siglo XVI a las sucesivas propuestas de dos soluciones que resultaron definitivas. La primera propuesta fue la adopción del modelo heliocéntrico que situaba al Sol en el centro del Universo. La segunda fue la adopción de la trayectoria elíptica  para encajar el movimiento de los planetas con el sol. La Tierra, y con ella el ser humano, abandonaba para siempre el centro del Universo y todo ello gracias a las observaciones visuales, recopiladas durante siglos del planeta rojo.

Poco tiempo después, como no podemos estar quietos, apareció el Telescopio y gracias a él Marte se convirtió en un disco rojizo lleno de interrogantes. Marte se había convertido, con ayuda del telescopio en un planeta hermano y posiblemente habitado y la humanidad volvía a proyectar sus fantasías.

A comienzo del siglo XX, como no podemos estar quietos, los avances en la construcción de telescopios más potentes permitieron observar, con un detalle sin precedentes, la superficie de Marte. Con todo, a pesar de utilizar telescopios más avanzados, se creyó ver una estructura que parecían canales artificiales construidos por una avanzada civilización marciana. Se creyó que eran canales de riego construidos con el propósito de regar otras zonas.

La imaginaria civilización de Marte dio lugar a una serie de novelas, programas de radio y películas de ciencia ficción y Marte se mostraba al mundo como un planeta cuyos habitantes  aunque eran más feos, poseían una inteligencia muy superior a la humana.

En los años sesenta del siglo XX el primer sobrevuelo realizado con éxito  por una nave espacial nos envió unas imágenes de un planeta inhóspito y árido, plagado de cráteres, sin océanos, vegetación, canales o civilización avanzada.

El estudio de Marte es tan interesante e intrigante que daría para escribir más de mil páginas pero lo voy a dejar aquí, en lo mejor, para no hacer tan largo el relato. Termino con los llamativos  datos de las estructuras volcánicas únicas; el gigantesco Alba Mons con un tamaño en su base de 2.000 por 3.000 metros y 6,8 Km de altura y el Olympus Mons con una altura de 23 Km y un diámetro en la base de 600 Km.

No sean incrédulos, aunque nadie ha estado allí para medirlos, se puede hacer  desde una nave  orbitando el planeta mediante telemetría.  

Dentro de pocos años imagino a los primeros turistas, cámara mediante, fotografiando a estas otras rarezas. Se estima que los primeros en viajar a Marte ya han nacido.

Tengan un hermoso día.

En mi Quinta 03-05-2021

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